Reflexión mediocre del año 2025
Fue, sin duda, un año horrible.
Peor que el anterior, por mucho.
No sé por qué las cosas pasan como pasan, ni por qué le pasan a uno. Solo sé que estoy aquí ahora. Ya no duele tanto el alma, pero vaya cómo dolió. Dolió tanto que no quería morir: solo no despertar. Ni siquiera soñar me apetecía. Solo no despertar.
Este año se me fue Jicama, mi perrita. Al fin descansa, ya no le duele nada. Me fui tranquila sabiendo que la amé, que pude despedirme de ella, que le agradecí por existir y por haber estado conmigo. A Jicama la llevo en el alma, que brilla y brilla, aunque ella midiera apenas 2.6 centímetros.
Aun con mi dolencia interna, sentía que más que vivir, estaba sobreviviendo. Hoy se me hace difícil imaginar cómo sufría tanto. Con el diagnóstico de los médicos sentí una ligera liberación; con el medicamento entendí que había estado luchando contra algo imposible de ganar.
Y entonces llegó el coraje. Un coraje intenso. Pensé que por culpa de esa maldita enfermedad (tiroides) mi vida se había arruinado. Le eché la culpa de haberme hecho así, de haber echado a perder mi relación con quien amaba tanto.
Por más que quise creer que no había por qué correr, sentí terror. El terror de no querer aceptar lo que estaba pasando. Y corrí llena de miedo.
Qué suerte la mía! y lo digo en serio, porque mientras perdía a quienes creía eran mis amigos, encontré a mis chicas a mis nuevas amigas, fueron un refugio donde lloré. Lloré como nunca. Lloré al ver, vivir y sentir que quien creí el amor de mi vida, o al menos alguien con respeto, me había traicionado.
La chica que conocí en la universidad de la que durante más de cuatro años escribí en mis diarios. Dh .Su nombre nunca lo olvidaré fue mi primer amor y también mi primer corazón. Me atrevo a decirlo: destrozado. Me hizo actuar desde el miedo a quedarme sola con mis lágrimas. Hoy lo agradezco, pero en su momento hubiera preferido una paliza. Nunca me había dolido el alma por tanta indiferencia.
Mientras yo escribía e ilustraba pensando en ella, en los recuerdos y enseñanzas de haber estado en una relación, ella seguía con su vida sin mirar atrás, incluso estando en el mismo lugar donde nos conocimos que fue en la universidad a tan solo un semestre de terminar la carrera se enamoró de su amigo. De mi amigo. Nuestro amigo. No miento. Fui ilusa. Pasé semanas negando la realidad, hasta que el dolor fue tanto que ellos, tan sinvergüenzas, me obligaron a soltar todo el llanto que tenía guardado. Solo habían pasado 3 meses de mi ruptura y ella, ya tenía a alguien mas, a alguien que conocíamos las dos.
Y, sorprendentemente, mientras sentía que me moría, mis amigas —sobre todo Morelia, pero también las demás— me arrancaron carcajadas tan fuertes que a veces lloraba… pero de risa. En casa, aunque me costaba dormir y comer, los platillos de Puchpuch fueron un curita al alma.
Hoy puedo decir que me siento un poco mejor, fueron semanas muy difíciles, incluso tenia pesadillas todas las noches, donde soñaba con ella y las miles alternativas que pudieron haber sucedido. No perdoné a quienes nunca fueron mis amigos. No quiero ni necesito a Dh. Pero sí terminé agradeciendo a Maira su hermana y a los demás por haberme hecho sentir parte de una familia aunque fuera por un corto tiempo.
La terapia me sostuvo. Escribir cuatro libretas completas en tan poco tiempo, me ayudaron a no volverme loca. No me arrepiento de nada, ni siquiera de mis tres cartas escritas desde la vulnerabilidad que le di a Dh. Ser vulnerable y honesta no debería sentirse como un castigo, pero me fui tranquila, pues lo intente y aprendí que me podía irme con coraje, aprendí muchas cosas en serio, una versión mía nunca antes vista, a volver a crear arte aun estado hundida, a conocerme desde el silencio, a aceptar las despedidas como son y como fueron, a aceptar mis errores y estar bien con quienes me acompañaron en mi gran telenovela de este año jaja, en mi ultimo trayecto de la universidad claro, que eso también fue un logro.
Y aunque reciba el año nuevo con la cruda realidad, no la estoy anestesiando. No estoy huyendo ni mucho menos estoy tomando la primera mano que caliente la mía.
que me tengo a mi, y eso basta. Fin.
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