Hoy vengo con lágrimas en los ojos.
Me duele hasta el alma escribir algo que nunca pensé escribir,
pero qué bello poder hacerlo
después de haberte conocido.
Hoy recuerdo con el corazón a mi amiga
Dana Zadbi,
o como yo la apodé desde el primer momento que pude:
Danonino,
quien lamentablemente partió de este mundo.
Creo que los apodos son de las cosas más puras que existen:
solo pueden nacer del cariño.
Yo le decía Danonino a Dana no por burla,
sino por amor.
Y ella me decía Maza, Mazapán,
y en la forma en que lo decía
yo sentía el corazón.
De Danonino tengo recuerdos bellos y simples.
De esos recuerdos que no necesitan explicación:
imágenes de nosotras riendo a carcajadas,
en clases haciendo todo menos poner atención,
escuchando música,
hablando sentadas en el pasto,
en ese lugar perfecto que encontramos bajo un árbol.
Ay, mi Dana…
qué esencia tan bonita tenías.
Fuiste de las primeras personas que me habló en la preparatoria.
Recuerdo que me preguntaste por qué lo único que comía
eran papas Flaming Hot,
si no comía nada más.
Mi respuesta siempre era que no.
Y aun así, me querías.
Lo recuerdo tan bien.
Me querías mucho.
Y cada vez que me llamabas Maza,
yo sentía el cariño con el que lo decías.
¡Mi Dana!
Danonino era una buena persona.
De verdad.
Y por naturaleza.
Bastaba verla a la cara para sentirlo.
Era inteligente en el sentido más bonito:
amable, honesta, empática,
sensible, aunque muchos no lo comprendieran.
Ay, mi Danonino…
deseo que ahora estés en paz.
Cuando Dana se cambió al turno de la mañana,
nuestras vidas se separaron un poco.
Pero si nos veíamos de lejos en la escuela,
no dudabas en correr hacia mí
con los brazos abiertos.
¿Me creerías si te digo
que aún recuerdo tu aroma?
Esa sensación de calidez
que emanaban tus abrazos.
Danonino era de esas personas
que irradiaban luz.
Me dio alegría verte con nuevas amigas,
verte feliz.
Y con los años, cuando cada quien hizo su vida,
seguía alegrándome verte bien
en las fotos que subías.
Me da paz saber que viviste cosas hermosas,
rodeada de personas que compartían tus creencias.
Saber esta noticia me partió el corazón.
Hace unas semanas estuve a punto de enviarte un mensaje
para decirte que te extrañaba.
No lo hice.
No me bajé de la combi esa vez que te vi en el centro.
Aunque no me importó gritar tu nombre
frente a toda la gente.
No fue lo suficientemente fuerte.
Y si hubiera sabido,
me habría bajado sin pensarlo.
Pero qué más da,
si lo que compartimos fue único.
Y eso no se borra.
Gracias por los recuerdos tan bellos.
Siempre que veía la película My First Love
te recordaba.
Ay, mi Dana…
Hoy recé por ti.
Aunque no sepa hacerlo bien,
lo hice con fe.
Con la fe de que estés bien,
de que descanses en paz.
Y también como una forma de agradecer:
a la vida,
por habernos cruzado,
aunque fuera por un poco tiempo;
por haberte conocido.
No recuerdo cómo fue nuestra primera charla
ni la última.
No recuerdo de qué chistes nos reíamos,
solo que siempre estábamos riendo.
Pero claro que te recuerdo.
Siempre amable.
Siempre luminosa.
Gracias, Danonino.
Gracias por haber existido.
Gracias por ser un rayo de luz.⭐💮💮
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