viernes, 23 de enero de 2026

Poemario 3

poemas de Idea Vilariño 

segunda parte y ultima.

"Yo no sé si has llegado al fondo de esos instantes sublimes y tú no sabes nada. No sabes lo que siento al revivirlos pulsando a cada uno tiernamente, evocado, pensando, la solemne belleza que creamos espontánea y casi inconscientemente. Y tus ojos, sombríos, y mis ojos, temblando en el momento transformaban para toda la vida, suavemente, minutos que pudieron ser vacíos en acontecimientos. Ah! Yo no pedía mas que un nombre para mis versos y tú pedias mis labios para entibiar tus días. Pero no hay que pedir, hay que olvidarlo todo. Hay apretar las bocas y hacer garfios los brazos, en un abrazo eterno de dos vidas. Pero no, no quiero darte nada, no puedo, mas que mi mano amiga y mi palabra. A pesar de mis ojos anhelantes, del temblor de mis labios ansiosos, a pesar de todo lo que siento, lo que hall, lo que sufro y que deseo, lo que añoro. Y aunque me llames mil veces no te entregaré mis labios, aunque ya no tenga fuerzas para llevar sin ayuda tanta belleza en mis brazos".

"Toda la noche te he buscado en sueños por altas cumbres árdeas y heladas. Un viento frio me doblaba el cuerpo, abajo el barro, como un mar, golpeaba. Arriba era el silencio. Al doblar unas rocas hallé unas flores blancas las corté y las pendí junto a mis sienes pero eran de hielo y me quemaban. Nada más, rocas, frio y silencio. De pronto vi tus ojos a distancia. Para llegar a ti solo tenia que atravesar un puente de palabras. Pero no lo crucé. Veía a los lejos como tus ojos se desdibujaban buscándome en la niebla que se erguía y todavía más nos separaba".


"Te había dejado muerto a un lado del camino. Y aun caído eras bello, igual que un dios caído. Te había dejado muerto-flor de barro-tendido. Sabiendo que ya nunca volvería a aquel sitio. Pero tus ojos vuelven. Yo ya había arrancado de mi pecho agotado la oscura carne tuya con mi dolor sagrado tu enigmático ser que tanto se había hundido en mi y creí que así ya te había vencido. Pero tus ojos vuelven en la bruma, en la noche, en el mar, en el cielo, en el jazmín doblado y en el alba sin sueño vuelven en las cortinas que descubro en el suelo y vuelven en la música y vuelven en los sueños y mis manos separan turbias aguas sin ecos y entre nieblas pesadas me debato y quejo y me digo que mienten mis ojos, que es un sueño que a un lado del camino había dejado muertos tus ojos
hombre!
máscara!
Tus ojos tal vez huecos."
"Recuerdas? Todo azul; las cortinas, la alfombra los abrazos y las manos y la túnica blanca los ojos entreabiertos, las luces y la música. En yo no sé qué instante pareció tener alas. La música era azul y era azul el silencio, y ella, estrella ebria, paloma desolada, sus brazos que esperaban que ofrecían que huían sus manos armoniosas, azules y fantásticas. Ah! Te conocía tanto, mejor, alma en la noche, con tu cuerpo celeste, tus manos alargadas, palpitantes, esperando, ascendiendo, cayendo ¡Quien podría decirlo como tú sin palabras!
"Cuando tú te vayas quedará un hueco inmenso. No sé si pondré rosas en el vaso y perfume en mis dedos. Me sentaré en las sombras cargada de recuerdos para leer tus versos. Y esperaré tus cartas-tus aplomas sin cuento-como si fuesen agua y esto fuera el desierto."
"Tú, que estas solitario, lejano, triste y pálido, que de día y de noche vas recogiendo estrellas, que cimientas tu torre alta como ninguna con cimientos tan hondos como nunca se vieran. Tú que sacas de día tierra roja y pesada y en tus noches de pájaro dejas caer tus piedras al abismo que abriste con tus manos delgadas como flores sin pétalos armoniosas y eternas. Tú que apareces para mirar estrellas o pensar junto al mar o vagar en silencio, decir no sé qué cosas, oír no sé qué músicas cortar no sé qué rosas, soñar no sé qué sueños. Tú que eres una flor que en un día dará fruto acabado y durísimo lo mismo que una perla, y que vives al borde de todos los abismo y los ves y no caes, los mides y no tiemblas. Tú, que estas triste, pálido, solitario, lejano...





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