martes, 6 de enero de 2026

pensamiento mediocre

   No habla de ellos.
Habla del gesto de ordenar el mundo como si fuera un archivo muerto.
De creer que el lenguaje se puede domesticar,
que el espíritu tiene dirección,
que las ideas deben caminar en fila.
Hay quienes necesitan nombrarlo todo para no sentir nada.
Clasifican emociones, jerarquizan pensamientos,
discuten términos como si fueran verdades.
Y en ese intento de corrección
algo se pudre.
El texto no grita, escupe.
No acusa: señala con asco.
Porque cuando las palabras se vuelven obedientes,
cuando la lengua se usa para encajar y no para desbordar,
lo vivo se convierte en sistema
y el pensamiento en costumbre.
Llamarlos “cochinos” no es insulto.
Es diagnóstico. Y “arbitrario” no es el  error. Es la libertad que les duele.



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